Utilizamos un horno construído con bóveda de ladrillo al mero estilo artesanal, que conserva una tradición de historia.
Este método que pocos utilizan y que no se compara con los que manejan el horno moderno, nos brinda un pan de mayor calidad que se refleja en la frescura y consistencia de la masa.
Breve Reseña
Los datos precisos sobre el nacimiento del arte de cocinar en un horno de barro se pierden en la historia de la humanidad. Su origen, según recientes descubrimientos, nos remonta a Egipto (4000 años a.C.) y una amplia región, más precisamente en la media luna formada por los ríos Tigris y Eufrates, lugar bendecido por la excelente calidad de arcilla, muy particular por su dureza y aislamiento, conservando el calor mucho mejor que otros barros o tierras arcillosas.
Vestigios arqueológicos los sitúan en lugares muy dispares y alejados unos de otros. En Europa, por ejemplo, eran famosos los grandes hornos "comunitarios" donde expertos cocineros cocinaban el pan del día, primero para el Rey y su corte y luego para la plebe. En Chile e islas aledañas de todo el Pacífico, famosos reductos de piratas, a los hoyos o huecos que hacían con piedras en la arena para cocinar sus alimentos, se los llamó "boucaners" (de allí el nombre de bucaneros). Más cercanos a nuestro país, los primeros indicios vienen de la mano de los indios guaraníes, establecidos en él limite con el Paraguay, que llamaban al horno de barro TATACUá (tata: fuego - cuá: cueva / CUEVA DE FUEGO).